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¿Alergias y constipados? El zinc de nuestro pollo ECO te ayudará

Con la llegada de la primavera, llegan los cambios de temperatura de un día para otro, tiempo frío por la mañana y caluroso a mediodía.... No sabemos si empezar a vestirnos con manga corta o seguir con el cuello vuelto, y al final nos resfriamos. Y con la primavera, llegan las flores... ¡y las alergias!

Para prevenir estas situaciones y seguir fuertes y sanos hasta el verano, podemos comer mejor y tomar aquellos alimentos que nos aporten los nutrientes que nos ayudan a crear defensas. Todos pensamos en tomar frutas y verduras ricas en vitamina C, pero hay otro elemento que también es imprescindible para fortalecer el sistema inmune de nuestro cuerpo: el zinc.

Sus funciones son varias, pero destaca su papel en reducir la inflamación, gracias a su actividad antioxidante, y también en la estimulación del sistema inmune. El zinc ayuda al desarrollo de linfocitos T, responsables de combatir las infecciones.

Este elemento metálico se encuentra en forma de mineral en la tierra, pero para que cumpla sus funciones en el cuerpo debemos ingerirlo con los alimentos. ¿Y dónde se encuentra el zinc, aparte de en las explotaciones mineras? Pues muchos de nuestros alimentos contienen zinc, ya que queda retenido entre las fibras de proteína. Así que la carne, marisco y algunos pescados contienen este mineral. En algunas verduras también hay zinc, aunque no se absorbe tan fácilmente como el elemento cuando forma parte de la carne.



Nuestro pollo ecológico se convierte en una buena fuente de zinc, ya que al ser criado de forma sostenible y ecológica mejora mucho su calidad nutricional. Estos pollos, que crecen al menos durante 90 días (frente a los 35 días de un pollo industrial), se alimentan de verduras y piensos ecológicos, sin hormonas ni medicamentos. Además, su carne está riquísima y tierna, ya que la grasa se ha ido infiltrando en el músculo paulatinamente, lo que convierte la carne en un meloso manjar.

El crecimiento más lento y prolongado de estos pollos permite que su carne tenga un contenido nutricional más alto que la de los pollos criados en granjas intensivas. Por tanto, su consumo nos proporciona más zinc, y contribuye a mejorar significativamente nuestras defensas.