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Queso Appenzeller Eco

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Te presentamos una cuña de unos 400 o 800 g de queso Appenzeller Eco, elaborado con leche cruda de vaca y curado 90 días. Este queso suizo es apreciado en...

Te presentamos una cuña de unos 400 o 800 g de queso Appenzeller Eco, elaborado con leche cruda de vaca y curado 90 días.

Este queso suizo es apreciado en todo el mundo por su sabor único, su calidad indiscutible y su autenticidad. Solo contiene ingredientes naturales (leche eco, cuajo y fermentos lácticos), por lo que satisface perfectamente a quienes buscan un producto genuino y nutrición. No contiene aditivos, conservantes ni está sometido a pasteurización.

La Quesería Imlig en Oberriet al este de Suiza, especializada en la producción y maduración de Appenzeller, es la responsable de la elaboración de este queso certificado ecológico.
La materia prima es el oro blanco suizo, la leche de unas vacas que viven en el país con la normativa más estricta sobre bienestar animal. Además, estas vacas tienen la suerte de alimentarse en los pastos alpinos, uno de los ecosistemas con mayor diversidad de ricas hierbas y flores. A las vacas esto les encanta y se nota en su leche.
En invierno, cuando la nieve cubre los pastos las vacas se alimentan con heno almacenado durante el verano y un suplemento de cereales rico en minerales.
Como toda la leche suiza, certificada está completamente libre de OMG y esta en particular está certificada ecológica (conforme a las normativas Bio-Suisse). No existe ninguna diferencia de sabor respecto al Appenzeller suave y aromático convencional. Por fuera, se diferencia por el estampado de la corteza (BIO) y la etiqueta especial BIO.

La leche es recién recogida dos veces al día por los ganaderos de la región de Oberriet y se traslada a la quesería del pueblo. Al tratarse de un queso elaborado con leche cruda tiene que ser muy fresca y procesada inmediatamente.

Aquí, la producción tradicional se han conservado durante cientos de años y este secreto ancestral vuelve a la vida con cada queso que se fabrica. Y aunque los maestros queseros hoy cuentan con máquinas modernas para apoyar la producción, ninguna máquina puede sustituir su experiencia para identificar el punto adecuado de maduración y garantizar un resultado perfecto en cada queso.

Tras desnatar una parte de la leche y  mezclarla con el cuajo y los fermentos lácticos, esta se coagula y se corta para que salga el suero. Tras calentar la cuajada y escurrirla, se vierte en moldes para queso. Después, los quesos se prensan para quitar el resto del suero y se forman en grandes ruedas de unos 6-8 kg, que se sumergen en salmuera. El peculiar carácter de este queso se forja durante el periodo de maduración, cuando su corteza se frota regularmente y a mano con una secreta salmuera de hierbas o Kräutersulz (mezcla de sal alpina, vino blanco  y 42 hierbas, raíces, hojas, flores, semillas y cortezas diferentes) que lo convierte en el queso más intenso de Suiza.

Loa quesos descansan sobre tablas de madera de abeto real durante al menos tres meses, hasta alcanzar la madurez perfecta. En la bodega de maduración el queso sufre algunos cambios: se forma la corteza, el interior cambia de color, aparecen agujeros y la pasta se vuelve firme.

El resultado es  un queso con algunos agujeros del tamaño de un guisante (de 3 a 6 mm de tamaño), distribuidos uniformemente.  Es intensamente aromático, pues posee una amplia gama de notas vegetales, afrutadas, tostadas...
Tiene un sabor penetrante y picante, fuerte en boca y refinado a la vez.
Su textura es semidura y su corteza natural es comestible ¡y deliciosa!

Hay pocos alimentos que se puedan utilizar de forma tan versátil y creativa: ya sea caliente o frío, con el Appenzeller Eco puedes convertir cualquier plato principal o aperitivo en algo especial.  Es ideal para los amantes del queso rallado o fundido en platos calientes. Sus aromas con cuerpo realzan los platos tradicionales de montaña: fondue, croquetas de patatas, gratinados, quiches.
En frío, córtalo en dados, tiras o triángulos y acompáñalo con embutido, frutas y vegetales crujientes, y que no falte un poquito de decoración: hierbas, flores o flor de sal. Por supuesto, el pan, es una parte imprescindible de la experiencia.
Acompáñalo con un Riesling  o con cualquier otro vino blanco aromático y con cuerpo, como el Gewürztraminer

Conservación:
Para conservarlo en condiciones óptimas, envuélvelo con papel parafinado, papel de horno o en un paño de algodón, seco y limpio, para permitir la respiración y la conservación de la corteza.
En ambientes secos y cálidos, guarda el queso en un recipiente de plástico cerrado (no hermético) en la nevera.
En lugares frescos (1-15ºC), se puede conservar cubierto, fuera de la nevera.

Consejos de degustación:
Para disfrutar de las características organolépticas de este queso suizo, degústalo a temperatura ambiente, entre 18º y 23ºC. Sácalo de la nevera una o dos horas antes de su consumo. Si lo has guardado envuelto, retira el envoltorio para que respire.

Las personas con intolerancia a la lactosa no tendrán ningún problema digestivo con este queso, pues una gran parte de la lactosa ya se separa con el suero durante la fabricación. La lactosa restante se descompone casi completamente gracias a las bacterias del ácido láctico durante el proceso de maduración. Este queso tan solo contiene trazas de lactosa (el contenido es inferior a 0,1 gr. por cada 100 g.), por lo que es tolerado por la mayoría de las personas.

Ingredientes:

  • Leche Eco 98,5%
  • Sal 1,3 %
  • Fermentos 0,1 % (Lactobacillus delbrueckii, Lactococcus lactis, Streptococcus thrmophilus)
  • Cuajo animal de ternera 0,1 %

Valores nutricionales por 100 g

  • Valor energético: 389 Kcal. 1612 Kj
  • Proteínas: 25,2 g
  • Hidratos de carbono:  0 g
  • Grasas: 32 g  de las cuales saturadas 20 g.
  • Sal 1,3 g

45 % de materia grasa
No contiene OMG
Contienen leche y lactosa
Conservar entre 0 y 5 º C

Te enviamos nuestra Carne Buenísima envasada al vacío en paquetitos del peso indicado en la descripción del artículo.

Te recomendamos sacarla del frigorífico entre 20 minutos y una hora antes de cocinarla (dependerá del grosor del corte), para que se atempere y se cocine uniformemente.

Si la has congelado, sácala al menos 24 horas antes de cocinarla y deja que se descongele poco a poco en el frigorífico.

Toda nuestra carne es fresca. Puedes congelar lo que no vayas a consumir de inmediato.

Únicamente podríamos servirte ultracongelado el hígado u otras vísceras, debido a su corta vida útil. Te explicamos esta posibilidad en la descripción del artículo. En ese caso te informaremos para que lo tengas en cuenta.

No laves la carne ya que agua es un vehículo perfecto para facilitar la expansión de los microorganismos y podrías contaminar los alimentos. La mejor forma de higienizarla es el calor: cocínala siempre por encima de unos 65ºC. Si quieres consumirla en crudo te aconsejamos congelarla previamente.