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Granja de l'Albeitar

Granja de L'Albeitar

Expertos en bioseguridad

Aunque nuestra familia ha tenido cerdos "toda la vida" y cerdas de cría desde la década de 1960, cuando nuestra generación tomó "la alternativa" diseñamos un nuevo modelo de producción responsable, un modelo diferente que toma muy en serio la bioseguridad.

La clave: el vacío sanitario

Tenemos 210 cerdas que paren en grupos de 30 hermanas y suficientes salas como para que cada semana tengamos partos, destete de los lechoncitos o bien cubriciones y cada fase se desarrolla en una sala diferente. De ese modo, tras cada una de estas etapas, la sala quedará vacía y será lavada con agua a presión.
Esto es lo que se conoce como vacío sanitario, un desinfectante verdaderamente eficaz. La experiencia nos ha enseñado que las bacterias que vivían con los animales, en un ambiente cálido y húmedo, no pueden adaptarse de repente a un ambiente húmedo y frío para después pasar una semana en un entorno limpio, frío y seco.
Además, la explotación está diseñada para que ningún proveedor tenga que entrar al vallado siquiera: las medidas de bioseguridad se han "radicalizado". Sólo el veterinario entrará a hacer las visitas obligatorias y cada vez que sea necesario.

Asuntos “de familia”

Cuando comprábamos madres a otras empresas, a pesar de tenerlas en cuarentena, de ir introduciéndolas poco a poco en la granja, de usar pautas de adaptación y tomar todo tipo de precauciones, acabábamos teniendo problemas sanitarios derivados de estas entradas.
La solución fue que las futuras madres nacieran en nuestra granja. Las mejores de nuestras cerditas son las bisabuelas, abuelas y madres de nuestros lechones.
Las instalaciones nuevas con un buen control de ventilación y calefacción, nos ha permitido prescindir de vacunas para los lechones, que se alimentan de la leche de sus madres durante un mes, lo que también favorece su buen desarrollo inmunitario y los convierte en animales fuertes y sanos. Las madres sanas les han aportado durante las gestación los anticuerpos que necesitan para afrontar el crítico paso de la leche materna al pienso seco.

Sin vacunas, sin antibióticos, sin piensos o agua medicalizados, sin óxido de zinc

En nuestra granja hemos eliminado desinfectantes (los sustituimos por vacío sanitario), vacunas (las sustituimos por buenas instalaciones y no entrada de animales) y piensos y agua medicalizados o con óxido de zinc.
El uso de prácticas  apropiadas, la alimentación de calidad y las bajas densidades son la mejor prevención. Ofrecer condiciones naturales a los animales es la garantía de un crecimiento saludable, que hace innecesarios el uso de medicamentos de síntesis química y aditivos.

Evitando usar ningún tipo de antibiótico o antimicrobiano se impide el desarrollo de resistencias antimicrobianas y con ello, su transmisión a quienes consumimos la carne.

Medioambientalmente sostenible

El estiércol de cerdo  es un excelente fertilizante porque aporta las sustancias que necesita la tierra para convertir las semillas en cosechas, además de materia orgánica que los abonos químicos no contienen.

La clave para un uso medioambientalmente sostenible de este fertilizante natural, es aportarlo en la cantidad y el momento adecuados. Como nuestra granja es pequeña y guarda proporción con el entorno, esa aportación es fácil y exacta. Distribuimos el estiércol en nuestros campos de cultivo y lo enterramos de inmediato; minimizamos las emisiones de amoniaco a la atmósfera cubriendo nuestra balsa.

Una carne saludable

Por eso no hay residuos nocivos en nuestra carne. Su sabor, consistencia, color y olor tienen poco que ver con la de cerdo industrial. Muy tierna, tiene un nivel de grasa moderado, pero con muy buena infiltración, lo que la hace especialmente sabrosa.
Contiene una mayor concentración de ácidos grasos de calidad que ayudan a disminuir los niveles de colesterol, tiene un alto contenido en proteínas, vitaminas (B6, B12 o tiamina, niacina, etc) y minerales (hierro, sodio, potasio, zinc, fósforo o magnesio).

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