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Mollejas de Ternera Eco 400 g

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Te presentamos 400 g de mollejas de ternera eco envasadas al vacío. Con 400 gramos tendrás dos porciones.  Las mollejas, también llamadas lechecillas,  son un alimento delicado y sabroso, muy...

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Te presentamos 400 g de mollejas de ternera eco envasadas al vacío. Con 400 gramos tendrás dos porciones

Las mollejas, también llamadas lechecillas,  son un alimento delicado y sabroso, muy apreciado en la gastronomía de algunos países como Francia, España y también en la cocina asiática.

Se trata de una glándula, el timo, de color blanco rosado y aspecto brillante. Está situada en la zona del pecho (el cuello y el corazón) solo de animales jóvenes ya que se atrofia en la edad adulta. No se trata de un músculo, por eso su textura es diferente a la de cualquier corte de carne: son tiernas, tersas, algo blandas y esa textura tan particular las convierte en un manjar exquisito para muchas personas, detestado por otras.

Desde un punto de vista nutricional, estas vísceras son comparables a la carne y proporcionan un aporte proteico de calidad. Son bajas en calorías y contienen poca grasa, únicamente lípidos de buena calidad nutricional (4 g por cada 100 gramos) y pocos ácidos grasos saturados (1,5 g). El aporte de minerales y oligoelementos (fósforo, potasio), vitaminas C y del grupo B es significativo: B3 (producción de energía), vitamina B5 (desempeña un papel en la producción de hormonas y neurotransmisores), vitamina B12 (ayuda a combatir la anemia).
No consumas este alimento si tienes altos niveles de ácido úrico, ya que contienen un alto nivel de purinas (1g por cada 100 g), sustancias nitrogenadas que de no eliminarse correctamente, pueden provocar una acumulación de ácido úrico y una artritis extremadamente dolorosa.

Requieren un poco de preparación pero el resultado merece la pena.
Para que las mollejas queden deliciosas, es importante limpiarlas adecuadamente. Llena un bol con agua muy fría y sumerge en él las mollejas durante 2 ó 3 horas en el refrigerador. Durante este tiempo, las mollejas soltarán un jugo que contiene impurezas. Desecha esta agua. Para blanquear las mollejas, colócalas en una olla grande con agua en ebullición durante 3 minutos. Esto te permitirá eliminar las últimas impurezas (debes desespumar la superficie del agua).
Para quitar la piel fácilmente, retira las mollejas del agua hirviendo y sumérgelas directamente en agua con hielo. Esta operación detendrá inmediatamente la cocción y permitirá que la fina piel se desprenda con mucha facilidad.
Esta limpieza es clave para que su sabor no resulte agresivo.

Marca las mollejas hasta que estén doradas por ambas partes (3 minutos). Podemos comerlas salteadas, con cebollas o chalotas, fritas con ajo, o troceadas y guisadas en salsas de diferentes tipos. También son excelentes a la parrilla y a la brasa. Pruébalas con una salsa de nata y colmenillas (u otra seta de temporada), acompañadas con un Riesling D.O Somontano. Si las cocinas el día de antes su sabor se intensificará. Ya sabes que los guisos ganan de un día para otro.

Conservar a ≤ 2º C
Cocinar antes de su consumo
Peso neto aproximado: 400 g


Información nutricional por 100 g

  • Valor energético 127 kcal
  • Grasa 4,5 g
  • de las cuales saturadas 8,51 g
  • Hidratos de carbono 0 g
  • de los cuales azúcar 0 g
  • Proteínas 21,8 g

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Te enviamos nuestra Carne Buenísima envasada al vacío en paquetitos del peso indicado en la descripción del artículo.

Te recomendamos sacarla del frigorífico entre 20 minutos y una hora antes de cocinarla (dependerá del grosor del corte), para que se atempere y se cocine uniformemente.

Si la has congelado, sácala al menos 24 horas antes de cocinarla y deja que se descongele poco a poco en el frigorífico.

Toda nuestra carne es fresca. Puedes congelar lo que no vayas a consumir de inmediato.

Únicamente podríamos servirte ultracongelado el hígado u otras vísceras, debido a su corta vida útil. Te explicamos esta posibilidad en la descripción del artículo. En ese caso te informaremos para que lo tengas en cuenta.

No laves la carne ya que agua es un vehículo perfecto para facilitar la expansión de los microorganismos y podrías contaminar los alimentos. La mejor forma de higienizarla es el calor: cocínala siempre por encima de unos 65ºC. Si quieres consumirla en crudo te aconsejamos congelarla previamente.

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