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Apostando por la ternera ecológica

En Carnísima buscamos carnes que sean buenísimas no solo por su sabor, sino también para la salud de las personas y del planeta. Y las encontramos muy cerca de nosotros para llevarlas directamente de la granja a tu mesa. Hemos investigado mucho y hemos descubierto que las terneras criadas en granjas ecológicas cumplen con lo que buscamos: son respetuosas con el medio ambiente, con los animales, promueven la salud de las personas y producen una carne que está deliciosa. Por eso vendemos muchos productos con el distintivo 100% ecológico. Pero, ¿qué requisitos debe cumplir la ternera para que tenga la categoría de Ecológica? A continuación te lo explicamos.

Principios de la ganadería ecológica

La ganadería ecológica se basa en tres conceptos básicos:
  1. Preservar la salud de las personas
  2. Buscar el bienestar de los animales
  3. Debe ser respetuosa con el medioambiente

Esto se consigue con varias actuaciones, que en muchos casos coinciden con los métodos más tradicionales, ya que está demostrado que cuanto menos se interfiere en los ciclos naturales de los animales, mejores son los productos obtenidos, contienen menos sustancias que pueden afectar a la salud de quienes los consumimos y el medio ambiente también se beneficia de un manejo más sostenible.

Preservar la salud de las personas

A los animales que se crían para consumo humano se les ha ido modificando la alimentación de forma artificial para prevenir enfermedades y para aumentar su rentabilidad y productividad.

Como consecuencia, los productos comercializados procedentes de la industria ganadera pueden contener antibióticos que se les ha administrado a los animales de forma preventiva y otras sustancias para mejorar su rentabilidad, productos químicos que vienen de los fertilizantes y pesticidas de la tierra donde se ha cultivado el alimento de las reses, o incluso elementos que provienen de organismos modificados genéticamente (OMG). Con el tiempo, se ha demostrado que estos elementos químicos están presentes en la carne, nuestro alimento, y en consecuencia, afectan a la salud de las personas.

Por eso algunos ganaderos han optado por volver a un manejo y alimentación más tradicional de su ganado y sus granjas, para obtener carne, huevos o leche sin elementos artificiales: unos productos mucho más sanos para las personas, más respetuosos con los animales y con el planeta.



Las granjas certificadas ecológicas deben respetar al máximo los comportamientos naturales de las reses. Los terneros beberán leche materna al menos durante los 3 primeros meses, aunque en la mayoría de las ganaderías se les permite la lactancia natural durante 6 meses o más. Después combinan la leche materna con el pasto ecológico y finalmente pasan a un periodo de cebo con cereales y piensos, también ecológicos y sin organismos modificados genéticamente ni sus derivados. El pienso, pues, debe tener la calificación de ecológico, es decir, debe provenir de una fábrica respetuosa con el medio ambiente y que cumple, a su vez, con toda la normativa que establece la Unión Europea para obtener la calificación ECO. Si se importan los piensos o las materias primas del extranjero, también deben cumplir con esta normativa.

Algunas ganaderías ecológicas alimentan a su ganado exclusivamente con pasto hasta el sacrificio. Es el caso de las terneras eco Grass Fed.

Las ganaderías ecológicas deben alimentar a sus animales con productos ecológicos, preferentemente obtenidos en la propia explotación. Los pastos disponibles para estas reses deben tener la calificación de ecológicos. Se debe garantizar que no se han usado fertilizantes químicos. Los fertilizantes usados para el cultivo deben ser orgánicos, como estiércol, compost, abono verde... y solo cuando existen ciertas carencias, está permitido el uso de abonos minerales.

Para la producción de pasto y pienso no se permite usar semillas alteradas genéticamente, solo semillas certificadas ecológicas.

La normativa ECO no permite el uso de tratamientos médicos preventivos (salvo la desparasitación, las vacunaciones y los programas de erradicación obligatoria). No permite antibióticos artificiales usados de manera preventiva e indiscriminada. Insta a usar tratamientos naturales y homeopáticos antes que tratamientos químicos. Y se basa en la prevención, gracias a la selección de las razas adecuadas, la buena alimentación, el ejercicio, las prácticas zootécnicas y densidades adecuadas a las instalaciones.

El uso de razas autóctonas, que se adaptan mejor al terreno, al ecosistema y a su climatología, permite minimizar la medicalización de los animales. Densidades adecuadas en las granjas y libertad de movimientos para los animales evitan la aparición de enfermedades causadas por el hacinamiento del ganado.

La explotación debe basar la salud de los animales en la prevención y el bienestar. Si es necesario curar a un animal enfermo, en primera instancia se opta por los tratamientos naturales, homeopáticos o con fitoterapia. Solo se usan antibióticos y medicamentos químicos de síntesis si son imprescindibles (nunca como medicación preventiva). En ese caso, el sacrificio del animal se retrasará los meses necesarios para garantizar que no quedan restos de estas sustancias en su organismo.

Por supuesto, en toda la producción ganadera se prohíbe el uso de sustancias que estimulen el crecimiento como las hormonas.

En consecuencia, el impacto de las sustancias artificiales que ingerimos con la carne de ternera certificada ecológica es ínfimo en comparación con la presencia de estos tóxicos en la carne de ternera de granja convencional. Esta es una de las principales garantías del sello Eco.

Buscar el bienestar de los animales

Para que una granja tenga la calificación de Ecológica debe evitar prácticas que perjudiquen a los animales. En las explotaciones intensivas, con alta densidad de animales estabulados juntos, son frecuentes prácticas como cortar los cuernos, los picos y los dientes para evitar que se hieran entre ellos. Algunas granjas también cortan los rabos para facilitar el manejo de los animales en exploraciones veterinarias, a la hora de fertilizar las hembras...

En el caso de las granjas ecológicas solo se deben cortar cuernos o rabos por motivos de salud, higiene o seguridad y únicamente bajo autorización y no se permite atar a los animales.

Las instalaciones donde se crían las reses tienen que cumplir unas normas muy estrictas, diseñadas para proteger a los animales respetando sus necesidades y buscando su bienestar. Los establos tienen que estar ventilados, con luz natural y con condiciones no perjudiciales para las reses. Deben permitir que los animales se tiendan, se levanten y hagan ejercicio regularmente, y se deben limpiar periódicamente para evitar que se generen focos de infección. También hay normas precisas sobre el tipo de suelo y la cantidad de paja donde descansar. Siempre se da preferencia al pastoreo en libertad, ya que las reses deben tener acceso al pasto natural mientras las condiciones de clima, suelo y salud de los propios animales lo permitan.

También está especificado el espacio vital que se debe facilitar a cada animal. En el caso de las granjas bovinas para carne, cada animal debe tener 1 m2 de terreno en un establo por cada 100 kg de peso, con lo que una vaca de más de 350 kg debe disponer de 5 m2 de espacio en el establo, y al menos 4 m2 para hacer ejercicio.

Además, en el transporte de las vacas se intentará provocar el mínimo estrés, subiendo y bajando los animales cuidadosamente, sin darles medicamentos que los tranquilicen, ni forzarles con sistemas eléctricos para que suban al transporte.

La reproducción de los animales también está regulada. Aunque son preferibles los sistemas naturales, se permite la inseminación artificial, con cubriciones en la estación natural de celo, y se recomienda un parto anual para cada vaca: no conviene forzar los ciclos, para no debilitar a los animales. Está prohibido el uso de hormonas o sustancias similares para el control de la reproducción o la inducción del celo.

Respetuoso con el medioambiente

Este tipo de ganadería consigue varias ventajas que redundan en beneficios globales para la sociedad y el planeta.

Al usar terrenos que se han dedicado a la ganadería desde hace siglos, se conservan estos espacios naturales y se mantienen los ecosistemas de grandes zonas de pastos.

La ganadería ecológica usa razas autóctonas, con lo que se obtienen tres beneficios en uno: se preserva la biodiversidad de estos animales, están mejor adaptados al ecosistema y, debido a esa mejor adaptación, aprovechan mejor los recursos naturales de los espacios donde viven. Además, estos animales tienen una gran capacidad para transformar en alimento recursos naturales que de otra forma no llegarían a aprovecharse. Estas razas se seleccionan por su adecuado ritmo de crecimiento, su adaptación al medio, su rendimiento productivo, su conformación cárnica, su aptitud maternal y su calidad.

El fiemo que generan las granjas puede convertirse en un problema en la ganadería intensiva, ya que los animales defecan en el mismo lugar en donde viven, que suele ser una instalación cerrada con una alta densidad de animales.

La ganadería ecológica, mediante el pastoreo, reparte el estiércol por explotaciones vecinas y lugares de pasto. Mientras las reses están pastando por los montes, van repartiendo su estiércol por allí donde pasan, sin acumulaciones nocivas para el suelo, con lo que no solo se disminuye el problema de la acumulación de deyecciones, sino que además los animales dispersan las semillas que han ingerido, contribuyendo al mantenimiento de ese agroecosistema. Según la Asociación Trashumancia y Naturaleza, cada rebaño de 100 vacas trashumantes dispersa más de 150 millones de semillas y 100 toneladas de estiércol a lo largo de los más de 500 kilómetros que transitan en un mes por las cañadas o cabañeras (vías pecuarias).

Las granjas de ganadería ecológica necesitan disponer de grandes espacios por lo que se suelen instalar en zonas de baja densidad de población. Con ello, esta actividad, así pues contribuye a fijar la población al territorio. Además, como los animales se alimentan de los recursos a su alcance, los que da la tierra, las granjas ecológicas reducen al máximo las emisiones atmosféricas.

Las granjas ecológicas suelen ser pequeñas explotaciones familiares que venden sus productos en tiendas y pueblos cercanos, con lo que contribuyen a dinamizar el comercio local y de Kilómetro 0, impulsando los circuitos cortos de comercialización.

Despiece y consumo de carne ecológica

En la Unión Europea se permite usar el sello o logotipo ecológico a los productos de origen ecológico que cumplen una serie de requisitos:

  • No se han usado organismos modificados genéticamente (OMG)
  • Se ha hecho un uso limitado de fertilizantes artificiales, herbicidas y plaguicidas
  • No se han usado hormonas ni antibióticos preventivamente (solo los necesarios para la salud del animal)

Este sello se puede acompañar, o no, de otros logotipos identificativos de cada país o región.

La carne que se obtiene de los animales criados en granjas ecológicas debe cumplir igualmente una serie de requisitos para que pueda obtener el certificado de carne ecológica.

  • Está prohibida la cría de ganado ecológico a la vez que ganado convencional de la misma raza en una misma granja
  • Los pastos pueden ser comunales, siempre que durante tres años no se hayan tratado con productos no autorizados, y los animales de otras explotaciones que usen esas tierras sean de ganadería extensiva.
  • Los animales deben proceder de granjas ecológicas y cumplir las normas de la certificación ECO desde su nacimiento.
  • El almacenamiento de los productos ecológicos (tanto los piensos para alimentar las reses como la carne obtenida para comercializar) debe garantizar la identificación de los lotes en todo momento, para evitar que se mezclen con productos no ecológicos.
  • Los mataderos y el proceso posterior hasta la venta del producto deben tener también la calificación ecológica. No se pueden procesar las canales en todos los mataderos, si queremos que la pieza de carne tenga el sello ecológico.
  • El etiquetado podrá tener el sello de la Unión Europea solo si se puede justificar que tanto los piensos como la granja y el despiece han seguido toda la normativa con calificación ecológica. Todo el proceso, los alimentos, la gestión de la explotación y el matadero se someten a controles rigurosos y periódicos para mantener la calificación ECO.

 

Ternera ecológica en Carnísima

 


La ganadería extensiva es la forma tradicional de criar animales en muchas zonas del planeta. Frente a los sistemas intensivos, consisten en disponer de grandes extensiones de terreno donde los animales cuentan con mucho espacio para vivir de acuerdo a sus ciclos naturales y alimentarse de pastos. Estos espacios son más limpios y naturales que los establos donde viven los animales en una granja de ganadería intensiva, con lo que las reses, inevitablemente, tendrán menos estrés y estarán más saludables.

Durante al menos la mitad del año, los animales viven en las montañas, pastando en total libertad, comiendo lo que encuentran y moviéndose libremente. Los terneros se alimentan de la leche materna al menos los 6 primeros meses de su vida. El resto del tiempo lo pasan en fincas grandes cerca de la granja, y solo se encierran en el establo cuando el tiempo es realmente duro para los animales. Su alimentación es fresca, beben agua pura de los arroyos que encuentran, y en invierno, cuando la hierba fresca es más difícil de encontrar, se les alimenta con el forraje que se cultiva en las zonas bajas.

Durante el periodo de cebo se alimentan con piensos certificados ecológicos. Las terneras alimentadas exclusivamente con pasto durante toda su vida llevan el nombre Grass fed. Estas no pasan por un periodo de cebo con cereal.

La carne que vendemos en Carnísima es buenísima, y en todos los casos es respetuosa con los animales y con el medio ambiente. Además, es mucho más saludable que la ternera convencional por varios motivos. Ya hemos mencionado que esta carne no contiene los químicos o restos de medicamentos que pueden encontrarse en la carne no ecológica. Pero tiene otras ventajas: contiene más proteínas y vitaminas debido a la alimentación que han recibido las reses, con más proporción de pastos frente a los cereales y los piensos de grano que comen las vacas de granjas intensivas o no ecológicas. La carne ecológica puede llegar a tener 5 veces más betacaroteno, omega 3 y vitamina K2 que la carne convencional, y hasta el doble de ácido linoleico conjugado, una sustancia que protege frente al cáncer.

La ternera ecológica que puedes comprar en Carnísima proviene directamente de dos ganaderías que han apostado por la ganadería ecológica.

Reyes Buil tiene sus vacas en los valles del Cinca, cerca de Aínsa, en grandes extensiones de terreno donde pastan libremente. Cuenta con la calificación de carne ecológica, eso es, los animales se han alimentado con forraje sin pesticidas, nitritos ni abonos artificiales, ya que gran parte del año pastan libremente por las montañas. Además, no se les dan antibióticos ni hormonas que puedan llegar a perjudicar el consumidor final. Y como toda ternera ecológica, dispone de espacio suficiente en los establos para cada res y cumple con toda la normativa ECO.

Reyes cría vacas de pura raza parda de montaña, como lo hacían sus antepasados, pero ha optado por la ayuda tecnológica para facilitar su manejo. Los animales llevan un GPS de forma que Reyes los puede localizar desde el móvil, y tiene un dron que emite los silbidos de un pastor o los ladridos de un perro, para manejarlas sin tener que desplazarse hasta el lugar donde pastan. El dron también tiene una cámara térmica que le permite localizar a los animales si se pierden. Esta ganadera emprendedora puede registrar los movimientos de sus vacas y recibir aviso cuando una se pone de parto.

En la ganadería de Casa Puértolas han apostado por la tradición en la cría de su ganado. Hacen trashumancia: durante el verano dejan a su ganado libre por las montañas que rodean el Valle de Tena donde viven, en Orós Alto, a más de 800 m de altitud, en los Pirineos. Pastan por los montes de Aísa, en Cotefablo y el puerto de Erata. Es una zona declarada Lugar de Interés Comunitario (LIC), donde la ganadería extensiva ha sido la base del sistema económico durante muchas generaciones: se aprovechan los pastos de las zonas altas en verano, y en invierno se complementan con los cereales cultivados en los valles, cuando se lleva al ganado al entorno de la granja.

La ganadería familiar de Casa Puértolas tiene una tradición de más de 300 años, pero en los últimos 15 han ido más allá y se han modernizado eliminando los abonos químicos, los herbicidas y los sulfatos de sus cultivos, y sin darles antibióticos preventivos a sus reses. En cambio, han incluido abonos verdes, usan la rotación de cultivos y han renovado sus instalaciones eliminando paredes para que las vacas entren y salgan de los establos cuando les plazca. Así, en verano los animales se alimentan de forma totalmente natural y con un mínimo impacto ambiental, mientras que en invierno se usan piensos 100% vegetales y ecológicos, libres de transgénicos. Durante los seis primeros meses de vida los terneros viven con sus madres y se alimentan solo de su leche. Con todo esto, se obtiene una carne 100% ecológica, que además está buenísima y tiene un sabor ideal.



Las ganaderías ecológicas pueden obtener el distintivo cumpliendo las normas europeas, y aun así, no ser todo lo sostenibles que podrían ser. En el caso de nuestras granjas ecológicas, no solo se cumplen la normativa para tener esta calificación oficial, sino que se prentende ser SOSTENIBLE, con mayúsculas.

Hay granjas que importan las materias primas para sus piensos de otros países, fabricándolos con soja o aceite de palma ecológicos. Con ello cumplen todas las normas y consiguen la etiqueta Eco, pero el transporte de esos productos desde mercados lejanos sigue generando un fuerte impacto medioambiental: no es sostenible generar grandes cantidades de emisiones de CO2 para adquirir estos productos, por muy ecológicos que sean. En Carnísima hemos eliminado el aceite de palma y la soja para la fabricación de piensos y para mejorar la alimentación de nuestro ganado eco, hemos hecho investigaciones en nutrición animal y dado con formulaciones en las que estos elementos son sustituidos por guisantes ecológicos de origen nacional y cuyo transporte genera un impacto ambiental mínimo.

Así que, si apuestas por la ternera que conserva el sabor tradicional, que reduce los gases contaminantes, que favorece la economía de las zonas rurales, de montaña y más despobladas, que es respetuosa con el medioambiente, que prioriza la salud de los animales frente al rendimiento económico de la explotación y que es lo mejor para tu salud, ¡compra en Carnísima! La Ternera Ecológica de nuestra tienda online es la mejor opción y está buenísima.